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DOLET, ERGO SUM
PARA UNA RECONCILIACIÓN CON EL DOLOR
Carlos Díaz
En un mundo rendido a los pies de
la salud y belleza del cuerpo, donde el bienestar físico es sinónimo
de éxito y de plenitud personal, el ser humano evolucionado del
siglo XXI está todavía lejos de comprender el sentido
plenificador del dolor así como la intrínseca y necesitante
relación entre su ser finito y su ser enfermo, condición
desde la cual se eleva hasta su propia infinitud trascendente y salutífera. Si las coordenadas del dolor
y el sufrimiento buscan ser erradicadas de la faz de la tierra en pos
de la definitiva felicidad humana, difícilmente se llegue a ella
por ese camino sin haber comprendido su sentido en profundidad y menos
aún sin haberlos asumido en el diario vivir como constitutivos
de la realidad personal: ubi homo, ibi dolor.
Pero el dolor, que forja crecimiento y virtud, sólo se hace llevadero
cuando alguien nos quiere y nos acompaña amorosamente, cuando
el encuentro entre personas se transforma en acción terapéutica
que sana, porque reconcilia y salva a la vez. "La
manera más profunda de sentir una cosa es sufrir por ella, de
ahí que todo hombre se parezca en última instancia a su
dolor: su forma de existir es su forma de llevar el dolor, ése
sería el sentido profundo del me duele, luego existo" (Carlos
Díaz). Dolet, ergo sum: de tal dolor, tal hombre.
Colección "en sabiduría"
- Serie Communitas
1ª edición, Córdoba 2005
96 p.; 17 x 11 cm
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