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Jérôme Lejeune: un
defensor de la vida humana en proceso de beatificación
Por
Juan C. Sanahuja
El
arzobispo de París, Mons. André Vingt-Trois, previa
confirmación de la Santa Sede, nombró al Padre Jean Charles
Naud, prior de la Abadía de St. Wandrille, postulador de la
causa de beatificación de Jérôme Lejeune. De este modo
comenzó el tan esperado proceso a nivel diocesano. El
anuncio fue hecho en la XIII Asamblea General de la
Pontificia Academia para la Vida, el 25 de febrero pasado.
El Dr.
Jérôme Lejeune a los 33 años, en 1959, publicó su
descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la
trisomía 21; esto lo convirtió en uno de los padres de la
genética moderna. En 1962 fue designado como experto en
genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS)
y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de
Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se
crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la
primera cátedra de Genética fundamental. Se transforma así
en candidato número uno al Premio Nobel.
Aplaudido y halagado por los “grandes del mundo”, deja de
serlo cuando en 1970 se opone tenazmente al proyecto de ley
de aborto eugenésico en Francia: matar a un niño por nacer
enfermo, es un asesinato y además abre las puertas a la
liberalización total del crimen del aborto.
En
esos meses participa en New York en la sede de la ONU en una
reunión en la que se trataba de justificar, ya entonces, la
legalización del aborto para evitar los abortos
clandestinos. Fue en ese momento cuando refiriéndose a la
Organización Mundial de la Salud dijo: “he aquí una
institución para la salud que se ha transformado en una
institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su
mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio
Nobel”.
La
defensa de Lejeune del ser humano desde la concepción se
basó siempre en argumentos científicos -racionales- antes
que en cualquier consideración religiosa.
Rechazó científicamente no sólo el crimen abominable del
aborto, sino conceptos ideológicos como el de pre-embrión.
Por esas razones lo aislaron, lo acusaron de integrismo y
fundamentalismo y de intentar imponer su fe católica en el
ámbito de la ciencia.
Fue
incomprendido y perseguido en ámbitos de eclesiales, y
aislado por sus colegas. Pero en ningún momento escuchó a
los prudentes que le aconsejaban “callar para llegar más
alto y así poder influir más”: las estructuras de pecado no
se pueden cambiar, sólo hacen cómplices. Hizo caso omiso
también de los que le decían que estaba sumiendo en la
miseria a su familia, ya que le fueron cortados todos los
fondos para sus investigaciones de las cuales vivía:
continuó con sus investigaciones, sostuvo a su familia y se
financió dando conferencias.
Juan
Pablo II, en carta al Cardenal Lustinger, entonces arzobispo
de París, con motivo de la muerte de Lejeune decía: “En su
condición de científico y biólogo era una apasionado de la
vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida,
especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en
la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en
que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la
particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser
signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la
sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.
En
1992 comienza, a petición de Juan Pablo II, la gestación de
la Pontificia Academia para la Vida, creada por Su Santidad
el 11 de febrero de 1994. El 26 de febrero de ese año
recibe, ya en su lecho de muerte, el nombramiento de
Presidente de la Academia. Entrega su alma a Dios el Domingo
de Pascua de 1994 (3 de abril).
Fuente: Propias; Fundación Jérôme Lejeune; Cardenal Fiorenzo
Angelini, La figura morale e spirituale el Prof. Jérôme
Lejeune, Pontificia Academia para la Vida, 11-02-2004.
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Fuente: NOTICIAS GLOBALES:
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