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MUNDOS POSIBLES Y MEMORIA DE LO HUMANO
Desgaires pedagógicos en la actual tensión
presente-porvenir
Andrés Argüello Parra*
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Los
albores del siglo XXI han sido determinados por una vorágine
de fenómenos sociohistóricos que han contribuido a la
constitución de nuevos referentes comprensivos de lo humano,
de sus configuraciones comunitarias y de las revisiones
teleológicas que urden la pregunta por el sentido. La
realidad educativa no ha sido ajena a este dinamismo que
exige actitudes reflexivas ante la historia, sus
acontecimientos, actores y autores.
Intentar el trazo del porvenir no fijado a modo de planos
de probabilidad afianzados desde las inspiraciones de la
estocástica, evita el mero análisis presencialista que puede
simplificarse por la descripción de hechos o la apelación
romántica del buen vivir. Es de alguna manera la
consideración por la pregunta futurista, el qué viene luego.
No
obstante, tales cuestionamientos pueden dar lugar a ciertas
tensiones conceptuales propias de las ciencias humanas de la
contemporaneidad, a saber, las referidas al tiempo como
sucesión lineal de hechos (capacidad del presente frente a
las alternativas del futuro), o las vinculadas a los azares
sociales (rutas de las configuraciones humanas en los
diversos contextos).
1. Un
cambio de época
Desde
distintas posturas conceptuales de las ciencias humanas se
ha insistido, en los últimos años, en las variantes que
están incidiendo en un nuevo tipo de hombre y de sociedad.
Se trata de un paradigma emergente que exige no sólo
consideración de las disciplinas sino saberes prácticos que
lo afronten.
Desde
algunos planteamientos contemporáneos, el regreso de los
expulsados se supone fruto de una globalización
re-significada no sólo desde el plano de la mercantilización
de bienes y servicios sino como extensión de oportunidades a
las instancias periféricas de los pueblos. De manera
especial, el conocimiento es considerado como el nuevo
capital, el nuevo generador de riqueza y, por ende, el
motivo de la producción y segregación en el siglo naciente.
A su
vez, este cambio de época logra una descripción conveniente
en Jaussi y Luna, al decir: “La sociedad está cambiando, se
está transformando de sociedad industrial a sociedad de la
información; la economía se ha globalizado, están aumentando
las desigualdades sociales entre distintas regiones del
planeta y dentro de las mismas. Los cambios están afectando
a todos los ámbitos, no sólo al económico: cambios en el
terreno político, laboral, social e individual. El ámbito
educativo también se está viendo afectado: se hace más
difícil que personas de medio social más desfavorecido
accedan a estudios superiores; el fracaso y el abandono
escolar afectan de forma alarmante a las personas de estos
medios y a las pertenecientes a minorías étnicas o
culturales” (Jaussi y Luna, 2002).
Podemos afirmar, entonces, que el cambio epocal ejerce
atracción sobre las acciones humanas pues éstas se encarnan
en la historia mientras que la época, por su parte, exige
respuesta vitalizada desde los modos de participación en las
esferas públicas-democráticas de estos ciudadanos. Los
factores que pueden sintetizar una transformación en las
diversas esferas humanas implican cierta perspectiva del
mundo, un modo proactivo hacia la acción generadora de
ámbitos humanógenos y una remoción de criterios analíticos
sobre la forma de comprender la realidad. Tales factores,
sobre los que decimos se patentiza el cambio de época, son -
entre otros - los siguientes (Mayor Zaragoza, 2000):
A. Los
desafíos medioambientales
La
acción depredadora del hombre ha ido llevando al agotamiento
de los recursos naturales. Los estudiosos de la
sustentabilidad y el desarrollo ambiental plantean el
concepto de “huella ecológica” como rescate de una
naturaleza agonizante en un mundo que se ufana de la
super-producción a favor de un supuesto mejoramiento de la
calidad de vida. Se ha planteado que la humanidad está
ahora consumiendo sobre un 20% más de lo que la tierra puede
producir lo cual indica que cuando el planeta no pueda
cumplir su función como morada de la vida humana tampoco
habrá lugar a las proyecciones futuristas de eras atómicas,
espaciales o energéticas. Identificar consumo con plenitud
es un signo de auto-destrucción.
B. Los
desafíos socioeconómicos
Se
expresan en el crecimiento desaforado de la exclusión
social, el auge de la aporofobia y la lógica dominante del
capitalismo globalizado que acentúa las desigualdades. La
era pos-industrial ha centrado su esfuerzo en la generación
del capital financiero por la producción; ahora, con la
expectativa de la mercantilización del saber, se apreciarán
brechas por motivos noológicos que harán inalcanzables los
adelantos para el común de los mortales.
A este
propósito, las eras del futuro que plantean autores como
Molitor, en tanto expectativa del crecimiento económico en
las próximas centurias, fácilmente anticipan su campo de
acción para una élite. La sola presentación
teórico-especulativa no representa los esfuerzos ni las
preexistencias tecnológicas ni las posibilidades de
realización de la totalidad de los pueblos y sus habitantes,
menos si son del “último mundo” (1). Mantiene actividad el
señalamiento de Petrella (2004) sobre “el retorno del reino
de la desigualdad”, más aún y en atención a las expresiones
mismas de los ajustes estructurales en los diversos
contextos; es como un eterno retorno de marginaciones y
olvidos. El mismo Petrella lo confirma: “Solamente tiene
valor el conocimiento homologado por las normas y los
estándares de la triunfante economía capitalista de
mercado”. Bastará cambiar el modelo económico “capitalista
de mercado” por el imperativo que corresponda según la
ocasión, sea era atómica, espacial, de mega-materiales o
cualquier otra.
C. Los
desafíos culturales
Tienen
su manifestación en algunos fenómenos de los últimos años
como el facilismo, el “pensamiento débil” y el olvido de los
elementos específicos de la cultura (arte, literatura, cine,
símbolos, etc.). Es un campo que necesita redescubrirse para
el despliegue de las potencialidades inéditas en la
configuración humana de esta hora incluyendo los desafíos
propios de la integración de lo diverso, la ciudadanía
planetaria y la construcción permanente de lo local.
Algunos autores creen que la primera hora del siglo XXI es
la era del tiempo libre. Desde tal perspectiva, ésta puede
constituir una ocasión para el reencantamiento de la
intelectualidad y la formación cultural pues el ocio también
es tiempo para la sabiduría (2). Este ejercicio de
incorporación cultural requiere opciones de los sujetos a
partir de sus reflexiones críticas y discernimientos lúcidos
ante pseudo-distractores ofrecidos por la industria de la
recreación. ¿Cuáles son las tareas (3) realmente urgentes
por hacer? En ellas habrá que invertir el tiempo libre.
D. Los
desafíos éticos
Parten
de la vulgarización que ha sufrido el concepto de persona y
las teorizaciones esterilizadas de los Derechos Humanos,
muchas veces a cargo de las Organizaciones que deben
hacerlos valer. “El ser humano del tercer milenio también
deberá desarrollar competencias ciudadanas que le permitan
descifrar la solidaridad con su especie. Es la posibilidad
de valorar al hombre aún desconocido. Cambia, entonces, la
impersonalidad indiferente por el sentimiento común de
humanidad solícito al símbolo ciudadano cuyo fundamento será
la ‘sobria confianza’, esa posibilidad de relacionarme con
el otro como extraño”. (Argüello, 2005).
Las
fatalidades que ha causado el terrorismo de estado, los
fundamentalismos de cualquier orden, la delincuencia
organizada o callejera y cualquier forma de vulneración de
la integridad de las personas, explican el clamor actual
por la seguridad de vida para todos como verdadera riqueza
del mundo junto a otras ideas como “el valor de lo
transitorio” y “el tiempo de la incertidumbre generalizada”.
Las teorías sociales más recientes también han aportado
reflexiones en un sentido similar tales como la “sociedad
del riesgo” de U. Beck y la “transformación estructural en
las relaciones” de M. Castells, entre otras.
Pero
este panorama descriptivo, a través de los desafíos más
imperiosos hoy, pide un ordenamiento de la experiencia
humana hacia alternativas pertinentes de personalización y
socialización en los diversos contextos. Se tratará de
considerar esto en las siguientes líneas desde la idea de
los contratos mundiales y la globalización alternativa.
2.
Hacia la búsqueda de una estrategia: La teoría de los
contratos
Una
aproximación a los desafíos, productos del cambio de época,
puede tratarse desde la teoría de los contratos referida por
R. Petrella como “contrato social mundial” definido y puesto
en práctica a través de cuatro contratos mayores, a saber:
• El contrato del tener
• El contrato cultural
• El contrato democrático
• El contrato de la Tierra
Se
puede establecer una relación directa de estos contratos
mayores con las realidades interpelantes descritas en el
apartado anterior: ante los desafíos socioeconómicos, el
contrato del tener; ante los desafíos culturales propiamente
dichos, el contrato cultural; ante los desafíos éticos, el
contrato democrático; y, ante los desafíos ambientales, el
contrato de la tierra.
La
idea de “contrato”, de origen jurídico, se utiliza aquí como
un instrumento regulador ante determinadas asimetrías de un
sistema, que sirve como estrategia paliativa y correctiva de
los conflictos para favorecer un plan de desarrollo
regentado por instituciones económicas, culturales,
políticas o ambientales, según corresponda. Además, al
imaginario de “contrato” subyace el sentido de pacto o
acuerdo sobre asuntos que necesitan ser resueltos hacia
propósitos comunes de los interactuantes.
Los
contratos mayores son agenciados por hombres libres. Por lo
tanto, hay que contar con el requisito fundamental de unas
personas que deliberan y toman decisiones. Ante esto, se
debe replantear el asunto del eclipse de lo humano implícito
en los extremos avances de la ciencia y la técnica desde
categorías como finitud creadora (4) o, al decir de Mounier,
optimismo trágico (5).
La
teoría del contrato social mundial debe tener su lugar en
las construcciones conceptuales que inspiran los programas
de gobierno, los proyectos de las organizaciones que
trabajan por la paz, las luchas por una sociedad más justa
y, en general, cuantos buscan dar contenido a las acciones
multiformes al servicio de la humanidad.
3. Una
globalización alternativa desde el plano doméstico
La
estrategia de la teoría de los contratos frente a los
desafíos de la sociedad cambiante actual debe articularse
con el esfuerzo por una globalización alternativa que
regenere el tejido humano de las sociedades. Para ello, se
hace imprescindible considerar los trabajos que se llevan a
cabo, desde diversas organizaciones, por la recuperación de
la persona ante las turbulencias del tercer milenio (6).
El
desarrollo de la globalización alternativa se realiza desde
la acción de los movimientos que reivindican el carácter de
la persona ante las variadas hegemonías de la época,
particularmente las que corresponden a la globalización
corporativa del neoliberalismo cuyas consecuencias más
notorias fueron descritas por Xares (2005) como
precarización del trabajo, cultura de la incertidumbre,
progresivo aumento de la exclusión social, aumento
vertiginoso de la deuda externa, aumento de la pobreza,
ensanchamiento de la fractura Norte-Sur, paulatino retroceso
de la ayuda al desarrollo y el debilitamiento de la
democracia.
Tales
movimientos alternativos son los traductores y mediadores de
la teoría del contrato social mundial. Si este último se
ubica en el plano de la configuración de los sistemas,
aquéllos son los encargados directos de realizarla. Este
plano doméstico de implementación del orden prosopocéntrico
es la hora singular de las bases.
Desde
esta perspectiva, “los movimientos ciudadanos buscan muchas
cosas que los globalistas corporativos dicen ofrecer pero
que, de hecho, no consiguen dar: la participación
democrática, unas economías de empresa que ofrezcan buenos
empleos y respondan a las auténticas necesidades y
preferencias de sus clientes, un medio ambiente sano y el
final de la pobreza (…). Los movimientos ciudadanos miden el
progreso con indicadores sobre el bienestar de las personas
y de la naturaleza, con un interés especial por la vida de
los más necesitados” (Foro Internacional sobre
Globalización, 2002).
Para
intentar mayor precisión, podríamos referirnos aquí al plano
educativo al cual se le exige un posicionamiento clave
frente a su responsabilidad pública y un papel protagónico
en la transformación de los esquemas desiguales y
antagónicos. ¿Qué tipo de educadores para qué tipo de
globalización? ¿Qué educación para cuál mundo? ¿De qué
manera incorporar adecuadamente la dimensión tecnológica en
las políticas educativas democráticas?
Ante
todos estos problemas y nuevos retos es necesario reformar
las escuelas no por decreto, como parece ser la aspiración
de ciertas políticas de Estado, sino haciendo posible la
alternativa en el pedazo de realidad que es el cotidiano
escolar sobre el cual existe control; aquello que está
realmente al alcance de los trabajadores culturales. El
oikós transfigurado es el mundo de la vida discernido y
promovido desde los filtros de la alternatividad de la
historia con sus personajes, subjetividades, creencias,
valoraciones y prácticas humanas.
Corolario
El
panorama del futuro hace rescatar el invaluable fundamento
de lo específicamente humano. ¿Qué tan certera es la
pretendida omnisciencia del hombre contemporáneo? La
primacía de la ultraminiaturización de las cosas, la
aventura cósmica, el control de la vida orgánica desde su
génesis, las formas audaces de producción de energía y, en
general, la loca carrera por las conquistas más desaforadas
de los arcanos del mundo, ¿son posibilidad u olvido de la
comprensión del hombre como persona? Así, un reto se hace
claro ante el dilema: o el hombre humaniza sus propios
avances o éstos terminarán deshumanizando a su propio
fabricador.
En
suma, la formación en las competencias societales, como
ejercitación de la naturaleza pública de la escuela,
constituye un camino posible para la responsabilización
histórica del humano contemporáneo frente a su cada vez más
incierto porvenir. La idea del hombre-depredador de su
futuro debe superarse por la construcción armónica de un
presente re-creado.
*
Sacerdote. Licenciado en Ciencias de la Educación. Rector
del Colegio Jordán de Sajonia (Bogotá). Miembro de la
Asociación Española de Personalismo. (Ver más en nuestro
link de Autores).
Notas:
(1)
Normalmente se ha hablado del “Tercer Mundo” para aludir el
estrato oprimido de la sociedad mundial. No obstante, en
cuanto el crecimiento de la pobreza cobra índices cada vez
mayores y para evitar la quebradiza y volátil definición de
Cuarto Mundo que pronto será Quinto y así sucesivamente,
prefiero utilizar la categoría “último mundo” para recoger
en ella las comunidades, pueblos y personas que no cuentan
para las dominancias de turno. Son los últimos de la
historia o los autores-actores de la historia de los
vencidos según Walter Benjamin.
(2)
Desde una lectura desprevenida este pronunciamiento no se
excluye del sesgo señalado arriba a propósito de los
beneficios restringidos de la cultura para la población
vulnerable. Sin embargo, también puede leerse como un punto
de partida para la desintegración de la brecha digital, pues
este tipo de bienes intelectuales y culturales, en razón de
su fin social intrínseco, pueden ser puestos en circulación
con menos argucias que el capital financiero.
(3)
Tareas sociales, culturales, comunitarias, educativas, en
fin, asuntos que permitan llevar a la especie humana a un
progresivo estado de realización y perfeccionamiento;
“estado perfecto del hombre en cuanto hombre” dirá Tomás de
Aquino.
(4) La
finitud creadora se concibe como una manera singular de
ser/estar en el mundo. Supera los reduccionismos de la
materia que confinan al hombre al estatismo de lo dado y los
idealismos que eternizan falazmente su proyección,
dimensiones y acción histórica. En tanto finitud reconoce
los límites de la contingencia humana – una tarea necesaria
particularmente en estos tiempos – y en cuanto creadora
apuesta por la conquista de horizontes integradores de la
complejidad humana, que han de ser promocionantes del ser
personal.
(5) E.
Mounier refirió el asunto en diversas obras. El optimismo
trágico se ha definido como tensión, “tomar en cuenta lo
negativo y el mal que no deja de turbar la vida cotidiana,
en el horizonte de una mirada serena y victoriosa en el
futuro” o aquel planteamiento de que “la existencia siempre
es más de lo que es aunque no es todavía lo que será”.
(6)
Podrían citarse diversos casos; algunos de ellos: La Cumbre
de los Pueblos frente a la ideologizada Cumbre de las
Américas, el Foro Social Mundial y su variante, el Foro
Mundial de la Educación, los movimientos políticos
alternativos, algunas ONG’s, medios de comunicación y un
largo etcétera, aún a riesgo de polarizaciones
izquierdizantes (este es un asunto que merece tratamiento
aparte).
Bibliografía
-
Argüello, Andrés: “Educación y personalismo comunitario”.
En: Actas Congreso Internacional de Personalismo
comunitario: Democracia, persona y participación social.
Salamanca: Kadmos, 2005, p. 73.
- Foro
Internacional sobre Globalización: Alternativas a la
globalización económica, un mundo mejor es posible.
Barcelona: Gedisa, 2002, pp.18-19.
-
Jaussi, María Luisa y Luna, Francisco: “Comunidades de
aprendizaje. Transformar en lugar de adaptar”. En: Cuadernos
de Pedagogía No. 316, septiembre 2002, p. 40.
-
Mayor Zaragoza, Francisco: Un mundo nuevo. Barcelona:
Galaxia Gutenberg, 2000.
-
Molitor, Graham: “Los cinco grandes motores del crecimiento
económico”. Conferencia dictada en el Seminario
Internacional "Los nuevos desafíos y prácticas de la
gerencia para el tercer milenio", Bogotá, (no publicado).
-
Petrella, Ricardo: “A favor de otra globalización. El
regreso de los expulsados: lo humano, lo social, lo
político, lo ciudadano” (inédito).
-
Xares, Jesús: Educar para la verdad y la esperanza. En
tiempos de globalización, guerra preventiva y terrorismos.
Madrid: Popular, 2005, pp. 39 ss.
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