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A MÁS CONCIENCIA MÁS RESPONSABILIDAD, A MÁS AMOR MÁS HUMANIDAD

Publicado en la edición número Uno

Como en todo comienzo, nos abrimos al desafío de lo naciente cada día albergando la gran esperanza de una humanidad que pueda pisar con dignidad el suelo de este planeta sin tener que esquivar cadáveres humanos, ni niños muriendo por desnutrición o utilizados como carnada humana, ni madres llorando por ver morir a sus hijos, ni soldados hispanos matando y muriendo por el placer de la guerra de otros, ni pobres de toda pobreza que ni siquiera pueden sentir el orgullo del desposeer porque es tal que los lleva a la indigencia inhumana, ni ricos hastiados de toda riqueza y entregados al vicio del vacío y al expolio del pobre cuyo rostro ignoran.

Desde PERSONA, Revista Iberoamericana de Personalismo Comunitario, queremos ser esa ‘voz de los sin voz’, queremos ser esa conciencia que habita en lo profundo de cada uno que nos llama a tomar partido por el ser humano, no sólo como el más excelso objeto de estudio y reflexión sino como depositario de nuestra acción cotidiana porque la tristeza y el desamparo de un solo rostro debe ser suficiente para mover el máximo poder que hemos recibido en gracia: el poder del amor. Y porque desconocemos que “el amor es el nombre de la persona” (Tomás de Aquino), desconocemos al otro que nos reclama una migaja de amor y a nosotros mismos que existimos sólo porque alguien nos amó primero y persevera en su amor, porque antes que nada nos define el ‘soy amado luego existo’ (Carlos Díaz). Pedir un mundo con amor no es destilar ingenuo lirismo ni cándido romanticismo, es pedir que nos reconozcamos en lo más nuclear de nuestra humanidad, en aquello que nos constituye en personas. Pues bien, a más conciencia más responsabilidad, a más amor más humanidad, a más dolor más urgencia. Los rostros sufrientes de la humanidad que no vemos o nos negamos a ver son el reflejo del nuestro propio, desfigurado y golpeado por siglos de inconciencia colectiva, odios esquizofrénicos, ominosa indiferencia y vana filosofía sin ‘para quién’, sin rostro. Como ha preguntado con insistencia el filósofo Martin Buber, ¿a dónde estamos en nuestra humanidad?, ¿dónde quedó la conciencia acumulada de nuestros odios planetarios?, ¿a dónde el sacrificio de millones en los vergonzantes campos de exterminio sembrados por el hombre para el hombre?, ¿a dónde el Dios del amor por el que derramamos tanta sangre en pleno reinado de los derechos humanos?

Tan sólo para avivar la memoria de lo que somos, van estas palabras de la judía Etty Hillesum, muerta en Auschwitz: “Y aquí están, todavía temblando y desorientados, sobre este escenario desnudo y abierto a los cuatro vientos que se llama Westerbork. Sus rostros, arrancados de su contexto, tienen todavía la aureola de la atmósfera, palpable, que se adhiere a la vida agitada de una sociedad más compleja que ésta... La sólida armadura que les había forjado la posición social, la notoriedad y la fortuna han caído en pedazos, dejándoles por todo vestido la delgada camisa de su humanidad. Se encuentran en un espacio vacío, delimitado sólo por el cielo y la tierra, y que ellos mismos tendrán que amueblar con sus propios recursos interiores: es lo único que les queda. (...) Cuando llegamos a tocar el fondo de la angustia, la vida exige otras cualidades muy distintas. Sí, es cierto, seremos medidos con la vara de nuestros últimos valores humanos. (...) En el campo he sentido muy fuerte el hecho de que cada átomo de odio que añadimos a este mundo, nos lo hace más inhóspito de lo que ya es. Y pienso también – quizás con pueril ingenuidad, aunque con tenaz convicción – que esta tierra sólo puede llegar a ser un poco más habitable gracias al amor, ese amor del que habló un día el judío Pablo a los habitantes de la ciudad de Corinto en el capítulo trece de su primera carta” (Cartas desde Westerbork). Si la muerte nos está reservada de manos del hombre, si el odio es su camino seguro, hagamos de ello una injusticia y laboremos la vida desde el destino del amor, desde la plena conciencia de ser personas. “Si no tengo amor, nada soy, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe”.

Desde el campo fértil de nuestra Iberoamérica, damos la bienvenida a los lectores de Persona y las gracias a nuestros colaboradorespara que desde la sinergia de los corazones abiertos forjemos la ‘revolución del corazón’ que proclamaba Emmanuel Mounier y cuyo latido continuará impulsando el renacer de la humanidad.

Agradecemos a todos y a cada uno los que de una u otra manera, con su aliento, su entusiasmo o su colaboración directa, han contribuido a la gestación de PERSONA, pero especialmente a Daniel López Salort, Director de KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, sin cuya desinteresada ayuda este alumbramiento no hubiera sido posible.